En el anterior post comentamos que nuestro primer objetivo es que la ropa le quede bien a tu cuerpo. Eso es lo más importante en un primer momento. Pero una vez conseguido eso, no podemos quedarnos ahí. Tenemos que seguir avanzando.
Una persona que aspira a triunfar, es una persona con una fuerte personalidad y esa circunstancia también se tiene que reflejar en su forma de vestir. En otras palabras, necesitáis crear vuestro estilo.
Antes de seguir vamos a hacer un pequeño pero útil ejercicio. Tal y como estáis vestidos en un día cualquiera, id al espejo de cuerpo entero, miraros y responded a estas preguntas.
¿Cuál es tu estilo?, ¿Cómo lo definirías?
Si te quedas en blanco y no sabes que decir, es porque no tienes un estilo definido. Nunca te has planteado realmente cómo es tu forma de vestir. A lo mejor te has dejado llevar por las modas o simplemente por lo que te parece bonito o no, cómodo o no.
Pues eso hay que cambiarlo. Tenéis que encontrar vuestro estilo propio y a partir de ahí confeccionar un fondo de armario congruente* con ese estilo.
*Quédate mentalmente con esta palabra porque la usaré muchísimas veces.
Porque si sois incongruentes en ese aspecto la gente va a pensar que seréis también incongruentes en otros aspectos de vuestra vida, es decir, inmaduros o con una personalidad demasiado débil.
Pero, ¿ser congruente con un estilo significa vestir siempre del mismo modo o con un mismo tipo de ropa?
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Ya vamos por el tercer peldaño de nuestro proceso estético – evolutivo. Y en este caso nos vamos a ocupar básicamente de la ropa.
Si recordáis lo que decíamos en
A la hora de cambiar el cuerpo, no todas las personas necesitan las misma mejoras.

Érase una vez un chaval normal y corriente que se hallaba en plena adolescencia. Este chaval podría catalogarse como pringao, pues siempre le habían dicho que tenía que ser buena persona, estudiar y labrarse un porvenir. Además este chico no tenía un físico demasiado desarrollado, lo que hacía que, potenciales abusones o listillos se metieran con el de forma más cómoda que con otros de sus compañeros. A pesar de todo esto, la persona de la que os hablo era consciente de sus limitaciones e intentaba por todos los medios cambiar y dar un giro a su vida que le volviera más “respetable”. En ocasiones incluso hacía cosas malas, que en el fondo no le gustaba hacer, por el simple hecho de sentirse más integrado.






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